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sábado, 31 de julio de 2010

Distintos modelos de maternidad


El otro día, en una comida de trabajo, estuvimos comentando como se organizaba cada uno para esto de conciliar la vida laboral y personal. Entre mis compañeros, hay varios con bebes pequeños, otros con hijos mayores, y otros con adolescentes. Es curioso porque cada uno tenía su forma de ver el asunto. Entre los que tienen bebes pequeños, unos trabajan fuera y dentro de casa ambos miembros de la pareja, y otros trabajan únicamente uno de ellos y el otro se dedica al cuidado del bebe.

Ayer, mientras leía esta entrada del blog de MADREYMAS, (el cual recomiendo a todo el mundo que quiera leer algo bien escrito, irónico y divertido)http://madreymas.blogspot.com/2010/07/politicamente-incorrecta-y-mas-que.html
se generó una discusión sobre la mejor forma de criar un hijo. Unos apostaban por la crianza natural y dedicarse las 24 horas del día al cuidado del bebe. Otros, reclamaban sus minutitos para poder ser personas, además de madres, y tener unos minutos para uno mismo para poder coger fuerzas para afrontar los duros momentos que a veces supone la maternidad.

Supongo que hay detractores y defensores de ambos modelos. Yo no creo que sean ni mejor ni peor, simplemente creo que son diferentes. Lo que me asombra es la capacidad de las personas para, en este tema en concreto, sentirse con derecho a juzgar a los demás. Aunque hay gente que simplemente actúa en consecuencia con lo que interpreta que es la mejor manera de afrontar la maternidad, lo cierto es que hay otra mucha gente que critica a aquellos que cuidan de una manera muy diferente a la suya a sus hijos. Afortunadamente, la gente por lo general es respetuosa, pero aunque todas las opciones se respeten, yo si noto cierta tendencia a justificar su forma de asumir la maternidad, ya sea de una forma o de otra.

Quiero decir (que no se me interprete mal) que en una reunión de padres, yo si he escuchado argumentos justificativos de la forma en que han decidido afrontar la maternidad. Sobre todo en ciertos temas. ¡Como si tuvieran que hacerlo!

Por ejemplo, Tema: Dar el pecho. Hay posturas a favor y en contra (bueno más que en contra, en desacuerdo por circunstancias personales). Parece que ahora si no quieres dar pecho a tu hijo estas cometiendo pecado mortal. Y las personas que no lo dan, tienden ante terceras personas a justificarse. Algunas argumentan que no tenían leche, otras esgrimen otro tipo de razones, pero en definitiva, sienten la necesidad de justificar su decisión, y lo hacen porque la sociedad tiende a juzgar este tipo de cosas.

Pero digo yo, ¿qué necesidad hay de tener que justificarse por las decisiones que tomas? ¿por qué cada uno no toma las decisiones que cree más apropiadas sin más, sin tener que argumentar por qué has decidido tomar esa decisión?

Desde mi humilde punto de vista, y desde la perspectiva que no soy madre, percibo a menudo ese tipo de justificaciones de los padres, sobre todo en ciertos temas, (como el de dar pecho o bibe, trabajar ambos, o dejar de trabajar uno para cuidar a los bebes, llevar el niño a la guardería o no llevarlo, etc,etc). Y yo, personalmente, creo que cada persona, según sus circunstancias personales y sus razonamientos, toma SIEMPRE la que considera la mejor decisión en relación a los hijos, de modo que NADIE debería tener que justificarse por lo que decide respecto a sus hijos.

Me asombra que en una tarea tan complicada, y en la que influyen tantísimas cosas, todo el mundo se cree con derecho a opinar sobre lo que hagan los demás. Y decidir, sin razones de peso y por que sí, que el modelo que ellos han adoptado para educar o criar a un hijo, es el mejor modelo a seguir. Gracias a Dios, la mayoría de la gente es respetuosa con las decisiones de los demás al respecto, pero me pregunto si, en su fuero interno, si alguien le cuenta una decisión antagónica con respecto a la que uno ha tomado y aplicado respecto a sus hijos, no se verá tentado a que se le pase por la cabeza que el interlocutor no ha tomado la decisión correcta, y que la suya (la que el tomó en su momento) es la apropiada.

Será por mi carácter, o por que no soy madre, ¿pero no puede ser que existan varias formas de criar a un hijo, y todas sean válidas? ¿Por qué esa necesidad de justificarse? Yo creo que en función de las circunstancias, se tomará una decisión u otra. Pero todas son válidas, o a los ojos de determinada gente, debería serlo. ¿Por qué existe esa tendencia a juzgar a los demás, sobre todo en este tipo de temas?


En definitiva, CONCLUSIÓN: ¿Por qué no aplicamos todos la máxima de "Vive y deja vivir"?

domingo, 21 de marzo de 2010

CÓMO EMPEZÓ TODO. Una alegría muy fugaz

NOTA: Aunque mi intención no es pintarlo todo negro en esta historia, sino proyectar optimismo y alegría, no puedo evitar tener que poner unos garbancitos negros en este cocido de sentimientos.


Cuando cumplí los 35, de repente me di cuenta que era el momento de tener un hijo. Tras pasar unos años disfrutando de mi matrimonio, como se suele decir, el mismo día en que cumplí esa edad decidí que ya era el momento adecuado, aunque a estas alturas no sé si lo que aquel día me lanzó a la piscina tuvo algo que ver con el hecho de empezar a ir cuesta abajo hacia los 40.


Después de consensuarlo con T, ambos nos pusimos a la tarea, con el convencimiento que no iba a conseguirse en el primer mes, pero tampoco imaginándonos todo lo que estamos viviendo ahora.


Sorprendentemente, en el segundo intento lo conseguimos. Tras un primer momento de incredulidad tras ver el Test, llamé a la clínica, me dieron cita para la semana sexta y hasta ese momento estuve cautelosa, como si no quisiera creérmelo del todo, por si algo iba mal en esa visita.


Tras la misma, y solo después de poder escuchar aquel latido, me convencí del todo de que estaba embarazada y todo estaba bien. Yuhu! Alegría, sonrisas, dar la noticia a familiares y amigos, etc. Algo bonito estaba en marcha. Aunque recuerdo aquellos días tambien con un poco de miedo, o más bien un poco asustada, me daba cuenta que ya nunca iba a poder estar tranquilamente tumbada en una hamaca tomando el sol, sin tener un ojo puesto en el bebé. Y que ya nunca iba a poder dormir mil horas en la cama un día festivo, si es lo que me apetecía hacer. Eso me asustaba un poco, pero tambien es algo inevitable si tienes hijos. La reina de las contradicciones al habla de nuevo.


En la semana ocho tuve que volver al ginecólogo, él encendió el ecógrafo, empezó a buscar, y recuerdo que tenía una pantalla enfrente de mí, y que no veía por ningún sitio el puntito rojo que se movía en mi primera visita. Intuí que algo no iba bien.


El ginecólogo, me pregunto, ¿el otro día escuchamos el corazón? Y yo dije un tímido “Sí” con el convencimiento, ya pleno, que aquello no iba como debía de ir. El seguía explorándome, aquellos minutos me parecieron interminables, el silencio podía cortarse en el ambiente, y él buscaba insistentemente poder darme una buena noticia. Finalmente, me dijo algo así como “bueno, parece que esto se ha parado”. Me imagino que para un médico nunca es agradable tener que dar este tipo de noticia.


Me quedé en blanco. ¿Cómo? ¿Pero si todo estaba bien hace dos semanas? ¿Si no he tenido ningún dolor, ni pérdida ni nada de nada? ¿Esto cómo se come? Me sentí como si hubiera hecho un examen, me hubieran dicho que había sacado un diez, y a las dos semanas me hubieran dicho que se habían equivocado, y que estaba suspendida. Mi gine, que es un encanto y siempre me transmite mucha paz, me consoló, me animó, me informó de que tendrían que hacerme un legrado, y me habló con mucha profesionalidad, pero también con mucha ternura, lo cual siempre se agradece.


Salí de allí chafada, noqueada, en blanco, sin asimilar la mala noticia y sin poder creerlo. Y aun me quedaba contárselo a T sin derrumbarme, para que no se preocupara por nada más que por asimilar aquello. Conseguí mantener la calma mientras se lo contaba por teléfono. Me fuí de viaje unos días para olvidarme de todo, y unos días después me hicieron el legrado, todo fue bien, y pensé que necesitaría un tiempo para superar aquello, y para coger fuerzas para volver a intentarlo, sin adivinar que aquella carrera de obstáculos sólo acababa de empezar.


¿Y tú? ¿Has tenido que vivir algo parecido? ¿Cómo lo viviste? ¿Con la misma cara de idiota que se me quedó a mí?