No, tranquilas, no me refiero al blog, no voy a cerrarlo ni nada de eso. Me refería a que se han acabado las fiestas navideñas, y con ellas, todas las comilonas, las compras, los regalos, los adornos navideños, los roscones... en definitiva, los excesos de todo tipo.
¿Alguien sabe decirme por qué el árbol de navidad cuando lo sacas de la caja esté perfectamente embalado, y cuando intentas devolverlo a la misma caja para guardarlo, NO CABE ni por asomo en la misma? Misterios sin resolver.
Ahora, poco a poco habrá que volver a la rutina, la semana se me va a hacer eteeeeeeerna sin ninguna fiesta que aligere la carga de trabajo. Yo necesito una vuelta escalonada, como en la operación retorno de tráfico.
Ayer fue un día intenso, los Reyes Magos visitaron mi casa, y dejaron regalitos para todos, así que mi árbol (si, el mismo que hoy no cabe en la caja) amaneció rodeado de regalos, incluso para Unai. (Es que ha sido muy bueno este año, jeje)
Nos dejó alucinados, porque mientras los regalos estaban debajo del árbol, los respetó muy educamente (cosa que para ser un cachorro, ya tiene su mérito). Cuando nos acercamos para abrirlos, el primero fue para el. Le señalé el regalo, para ver lo que hacía, y entonces, lo cogió delicadamente con su boca, lo puso entre sus patas y ¡se puso a desenvolverlo con los dientes! Alucinados nos dejó, parecía que sabía lo que tenía que hacer, jajaja. Así que pasó un rato estupendo destrozando los papeles de su regalo, y encima, le encantó la pelota (el regalo), porque desde que la tiene no la ha soltado. Desde luego, esto si que es ser agradecido ¿eh? jeje.
Os dejo una foto de lo bien que se lo pasó desenvolviendo el regalo.
Este es el resumen de mi día de Reyes. Y a vosotr@s, ¿os han traído muchas cosas o los camellos han llegado cargados de carbón? Apuesto que lo primero.

