Ayer nació el bebé de otra amiga. Vaya semana de alegrones que llevo. Todo fue bien, la madre bien, el bebé bien, y ahora toca aprender a ser madre. Es genial poder compartir con los padres esa alegría.
Por otra parte, ayer hubiera sido el primer cumpleaños de mi bebé, si hubiera seguido adelante el embarazo. No es que estuviera apenada por ello, porque creo que simplemente, aquello, no pudo ser, y no es cuestión de martirizarse por eso, que una ya tiene demasiadas cosas encima. Pero no puedo evitar que se me haya pasado por la cabeza la coincidencia.
Supongo que con el tiempo, que todo lo cura, no me acordaré de este dato cuando llegue la fecha. Pero de momento, si se me pasa por la cabeza. El otro día estuve con unos amigos cuyo hijo nació un par de semanas antes de lo que lo hubiera hecho mi bebé y tampoco pude evitar ver a ese niño que está empezando a andar, y pensar que estaría más o menos en la misma fase que el mio. No obstante, ya no me duele. Sé que es un dato triste, pero no me apena recordarlo. No puedo evitar darme cuenta de esas cosas, pero al menos, mi mente se limita a que pase ese pensamiento por ella, pero sin recrearme en la pena. Claro está, que si hubiera tenido el aborto cuando el embarazo hubiera estado más avanzado, estoy segura que aún seguiría muy apenada por aquello. Al menos puedo imaginar como deben sentirse esas mujeres, y desde aquí les brindo todo mi apoyo.
La vida a veces se empeña en hacer coincidir ciertas cosas. O es la vida, o es el famoso Murphy, cuya Ley no hace más que fastidiar a la gente. Por que lo peor es que coincidencias positivas no suelen producirse, ¿eh? o quizás es que no nos damos cuenta de ellas, porque el ser humano es masoquista.
¿Y a ti, el Sr. Murphy te ha hecho alguna de las suyas?